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Inicio » 2016 » Agosto » 16 » Profecias de la Beata Ana Catalina Emmerich 2ª parte
11.12 PM
Profecias de la Beata Ana Catalina Emmerich 2ª parte
II LA GRAN TRIBULACIÓN

LA ESCISIÓN DE LA IGLESIA
12 de abril de 1820 - Tuve todavía una visión sobre la gran tribulación, bien en nuestra tierra, bien
en países alejados. Me pareció ver que se exigía del clero una concesión que no podía hacer. Vi
muchos ancianos sacerdotes y algunos viejos franciscanos, que ya no portaban el hábito de su
orden y sobre todo un eclesiástico muy anciano, llorar muy amargamente. Vi también algunos
jóvenes llorar con ellos. (AA.III.161)
Vi a otros, entre los cuales todos tibios, se prestaban gustosos a lo que se les demandaba.
Vi a los viejos, que habían permanecido fieles, someterse a la defensa con una gran aflicción y
cerrar sus iglesias. Vi a muchos otros, gentes piadosas, paisanos y burgueses, acercarse a ellos: era
como si se dividieran en dos partes, una buena y una mala. (AA.III.162)


EL ROSARIO, ARMA DEL COMBATE ESCATOLÓGICO
Como los propagadores de las luces tenían un odio muy especial a la devoción del rosario, la
importancia de esta devoción me fue mostrada en una visión de sentido muy profundo.
(AA.III.162)
Después de esto (de la visión de los propagadores de las luces, enemigos del rosario), Ana Catalina
hizo la descripción del rosario; pero fue imposible al Peregrino (el transcriptor de sus visiones)
reproducir sus palabras, ella misma, en el estado de vigilia no podía expresar bien lo que había
visto... Los diversos Ave María eran estrellas formadas por cientos de piedras preciosas sobre las
cuales los patriarcas y los ancestros de María estaban figurados en escenas que se relacionaban
con la preparación de la Encarnación y con la Redención. Así, este rosario abrazaba al cielo y la
tierra, Dios, la naturaleza, la historia, la restauración de todas las cosas y del hombre por el
Redentor que ha nacido de María; y cada figura, cada materia, cada color, según su significado
esencial, era empleado para la realización de esta obra de arte divino. (AA.III.162)

LA TRASLACIÓN DE LA IGLESIA
Llegué a la casa de San Pedro y San Pablo (Roma) y vi un mundo tenebroso lleno de angustia, de
confusión y de corrupción. (AA.II.413)
Vi al santo Padre en una gran tribulación y una gran angustia respecto a la Iglesia. (AA.II.414)
Vi la Iglesia de San Pedro que un hombre pequeño llevaba sobre sus hombros; tenía algo de judío
en los trazos del rostro. El asunto parecía muy peligroso. María estaba de pié sobre la iglesia en el
lado norte y extendía su manto para protegerla. (AA.III.124)
Ese hombrecito parecía sucumbir. Parecía ser todavía laico y yo lo conocía.
Los doce hombres que veo siempre como nuevos apóstoles debían ayudarle a llevar su carga: pero
ellos venían demasiado lentamente. Parecía que él caería bajo el peso de la carga, entonces,
finalmente, llegaron todos ellos, se pusieron debajo y numerosos ángeles vinieron en su ayuda.
Eran solamente los cimientos y la parte posterior de la iglesia (el coro y el altar), todo el resto
había sido demolido por la secta y por los servidores de la iglesia mismos. (AA.III.124)
Ellos llevan la Iglesia a otro lugar y me parece que varios palacios caían ante ellos como campos de
trigo que se cosechan. (AA.III.124)
Cuando incluso no quedara más que un solo cristiano católico, la Iglesia podría triunfar de nuevo.
(AA.III.124)
Cuando vi la iglesia de San Pedro en su estado de ruina y como tantos eclesiásticos trabajaban,
estos también, a la obra de destrucción, sin que ninguno de ellos lo hiciera abiertamente ante los
demás, sentí una tal aflicción que grité hacia Jesús con todas mis fuerzas, implorando su
misericordia. Entonces vi ante mi a mi esposo celeste bajo la forma de un hombre joven y me
habló durante largo tiempo. Él dijo, entre otras cosas, que esta translación de la iglesia de un lugar
a otro significaba que ella estaba en completa decadencia, pero que reposaba sobre esos
porteadores y se revelaría con su ayuda. Incluso cuando sólo quedara un solo cristiano católico, la
Iglesia podría triunfar de nuevo, ya que ella no tiene su fundamento en la inteligencia y los
consejos de los hombres.
Él me mostró entonces como nunca habían faltado personas orando y sufriendo por la Iglesia. Me
hizo ver todo lo que Él mismo había sufrido por ella, qué virtud había dado a los méritos y a los
trabajos de los mártires y como Él padecería de nuevo todos los sufrimientos inimaginables si le
fuera posible sufrir de nuevo. Me mostró también en escenas innumerables la deplorable
conducta de los cristianos y de los eclesiásticos, en esferas cada vez más vastas, extendiéndose a
través del mundo entero, incluído mi país, después me exhortó a perseverar en la oración y el
sufrimiento. Era una escena inmensa e indeciblemente triste que es imposible describir. Se me
mostró también que ya no hay apenas cristianos en el antiguo sentido del término, por lo mismo
que todos los judíos que existen todavía hoy son puros fariseos, solamente más endurecidos que
los antiguos: no hay más que le pueblo de Judith en Africa que es semejante a los judíos de
antaño. Esta visión me llenó de tristeza. (AA.III.125)

LA TORMENTA
Vi una gran tormenta venir del Norte. Avanzaba en semicírculo hacia la ciudad de alta torre (Viena)
y se extendía también hacia el poniente. Vi a lo lejos combates y surcos de sangre en el cielo por
encima de varios lugares, y vi acercarse infinitas desgracias y miserias para la Iglesia. (AA.II.244)
He visto en esta villa (Roma) terribles amenazas viniendo del Norte. (AA.II.414)
Vi el sacrificio de Isaac en el monte Calvario. La parte de atrás del altar estaba vuelta hacia el
Norte: los patriarcas colocaban siempre así el altar porque el mal venía del Norte. (AA.II.484)
¡Oh ciudad, oh ciudad (Roma)! ¿de qué estás amenazada? La tormenta está próxima. ¡Manténte
en guardia! Pero espero que permanezcas inquebrantable. (AA.III.127)
Vi a Roma en un estado tan deplorable que la menor chispa podía prender fuego por todas partes.
Vi a Sicilia en sombras, espantosa y abandonada por todos aquellos que pudieran huir. (AA.III.127)
Un día, estando en éxtasis, ella exclamó en voz alta y gimió: «Veo la Iglesia completamente aislada
y como completamente abandonada. Parece que todo el mundo huye de ella. Todo está en lucha a
su alrededor. Por todas partes veo grandes miserias, el odio, la traición y el resentimiento, el
conflicto, el abandono y una ceguera completa. (AA.III.127)
Veo desde un punto central y tenebroso (y situado, parece ser, en Roma misma) partir mensajeros
para llevar algo a varios lugares: esto sale de su boca como un vapor negro que cae sobre el pecho
de los oyentes y enciende en ellos el odio y la rabia. (AA.III.127)
Oro ardientemente por los oprimidos. Sobre los lugares donde oran algunas personas, veo
descender la luz, en otros veo descender espesas tinieblas. La situación es terrible. ¡Cuánto he
rezado! (AA.III.127)

VIENA
Tuve la visión de una gran iglesia con una torre muy alta y muy artísticamente trabajada, situada
en una gran ciudad, cerca de un largo río. El patrón de la iglesia era san Esteban y vi cerca de él
otro santo que fue martirizado tras él. (AA.II.243)
Cerca de esta iglesia, vi a muchas personas distinguidas, entre las cuales varios extranjeros, con
delantales y paletas de albañil. Parecían enviados ahí para demoler esta iglesia que estaba
cubierta de pizarra. Todo tipo de personas del país se unían a ellos: había incluso sacerdotes y
religiosos.
Vi a continuación a cinco hombres entrar en esta iglesia (la catedral de Viena), tres que parecían
sacerdotes se habían revestido de ornamentos sacerdotales pesados y antiguos; los otros dos eran
eclesiásticos muy jóvenes que parecían llamados a las santas órdenes. Me pareció también que
estos recurrían a la santa comunión y que estaban destinados a despertar la vida de las almas.
De golpe, una llama partió la torre, se extendió sobre el tejado y parecía que todo se iba a
consumir. Pensaba yo entonces en el ancho río que pasaba por uno de los lados de la ciudad,
preguntándome si no se podría con su agua apagar el fuego. Pero las llamas hirieron muchos de
los que habían puesto su mano en el trabajo de demolición: las llamas los cazaron y la iglesia
continuó de pié. Sin embargo vi que no se salvaría más que tras la gran tormenta que se
aproximaba.
Este incendio, cuyo aspecto era espantoso, indicaba en primer lugar un gran peligro, en segundo
lugar un nuevo esplendor de la Iglesia tras la tempestad. En este país ellos han comenzado ya a
arruinar a la Iglesia por medio de escuelas que entregan a la incredulidad.
Vi una gran tormenta venir del norte. Avanzaba en semicírculo hacia la ciudad de la alta torre y se
extendía hacia el poniente. Vi a lo lejos combates y surcos de sangre en el cielo por encima de
varios lugares, y vi acercarse desdichas y miserias infinitas para la Iglesia. (AA.III.245)
Los protestantes se ponen por todas partes a atacar a la Iglesia. (AA.III.245)

PARIS
En un lugar, me parecía que se minaba por debajo una gran ciudad en la que el mal estaba a sus
anchas. Había varios diablos ocupados en este trabajo. Estaban ya muy avanzados y yo creía que
con tantos y tan pesados edificios la ciudad se derrumbaría pronto. He tenido siempre a propósito
de París la impresión de que debía de ser así engullido: veo tantas cavernas por debajo, pero que
no se parecen a las grutas subterráneas de Roma con las esculturas que las decoran. (AA.II.157)

LA CRISIS UNIVERSAL
Cuando llego a un país, veo lo mas a menudo en su capital, como en un punto central, el estado
general de este país bajo forma de noche, de bruma, de frío; veo también de muy cerca las sedes
principales de la perdición, yo comprendo todo y veo en escenas donde están los mayores
peligros. De estos focos de corrupción, veo derrames y cenagales extenderse a través del país
como canales envenenados y veo en medio de todo esto a gentes piadosas en oración, las iglesias
donde reposa el Santo Sacramento, los cuerpos innumerables de santos y bienaventurados, todas
las obras de virtud, de humildad, de fe, ejercer una acción que sofoca, que apacigua, que detiene
el mal, que ayuda donde hace falta. A continuación tengo visiones donde los malvados como los
buenos pasan ante mis ojos. (AA.II.408)
Veo planear sobre ciertos lugares y ciertas ciudades, apariciones espantosas que les amenazan con
grandes peligros o incluso con una destrucción total. Veo tal lugar derrumbarse de alguna manera
en la noche: en otro, veo la sangre correr a ríos en las batallas libradas en el aire, en las nubes.
(AA.II.408)
Y esto peligros, estos castigos, no los veo como cosas aisladas, sino que los veo como
consecuencias de lo que pasa en otros lugares donde el pecado estalla en violencias y en
combates encarnizados, y veo el pecado devenir la vara que golpea a los culpables. (AA.II.409)
Atravesaba la viña (la diócesis) de Saint Ludger (Munich) donde encontré todo en sufrimiento
como anteriormente y pase por la viña de saint Liboire (Paderborn) donde trabajé en último lugar
y que encontré en vias de mejora. Pasé por el lugar (Praga) donde reposan san Juan Nepomuceno,
san Wenceslao, Santa Ludmila y otros santos. Habían muchos santos, pero entre los vivos pocos
sacerdotes piadosos y me parecía que las personas buenas y piadosas se mantenían escondidas
ordinariamente. Iba siempre hacia el mediodía (tras esa subida hacia el nordeste) y pasaba delante
de la gran ciudad (Viena) que domina una alta torre y alrededor de la cual hay muchas avenidas y
barrios. Dejaba esta ciudad a la izquierda y atravesé una región de altas montañas (los Alpes
austríacos) donde todavía había, por aquí y por allá, mucha gente piadosa, especialmente entre
aquellos que vivían dispersos: después, yendo siempre hacia el mediodía, llegue a la villa marítima
(Venecia) donde vi recientemente a San Ignacio y sus compañeros. Vi ahí también una gran
corrupción: vi a San Marcos y otros santos. Iba por la viña de san Ambrosio (la diócesis de Milán).
Me acuerdo de muchas visiones y de gracias obtenidas por la intercesión de san Ambrosio, sobre
todo la acción ejercida por él sobre san Agustín. He aprendido muchas cosas sobre él y, entre
otras, que había conocido a una persona que tenía, en un cierto grado, el don de reconocer las
reliquias. Tuve visiones a propósito de ese asunto y creo que él ha hablado de ello en uno de sus
escritos...
Llegué a la casa de san Pedro y san Pablo (Roma) y vi un mundo tenebroso lleno de angustia, de
confusión y de corrupción... vi en esta ciudad terribles amenazas viniendo del norte.

ESPAÑA
Partiendo de ahí, atravesé el agua (el Mediterráneo), tocando a las islas donde hay una mezcla de
bien y de mal y encontré que los más aislados eran los más felices y los más luminosos: después fui
a la patria de Francisco Javier (España), por que yo viajaba en la dirección del poniente. Vi allí
numerosos santos y vi el país ocupado por soldados rojos. (AA.II.411)
Su jefe (el de España) estaba hacia el mediodía más allá del mar. Vi a este país (donde se
encontraba el jefe) pasablemente tranquilo en comparación de la patria de san Ignacio en donde
yo entré a continuación y vi en un estado espantoso. (AA.II.414)
Vi a las tinieblas extendidas por toda esta región, sobre la cual reposaba un tesoro de méritos y de
gracias provenientes de san Ignacio. Yo me encontraba en el punto central del país (Madrid).
Reconocí el lugar donde, mucho tiempo antes, yo había visto en una visión a inocentes arrojados
en una hoguera. (AA.II.414)
Vi finalmente a los enemigos del interior avanzando por todos los lados y aquellos que atizaban el
fuego arrojados ellos mismos a la hoguera. (AA.II.415)
Vi enormes abominaciones extenderse sobre el país. Mi guía me dijo: «Hoy Babel está aquí». Y vi
por todo el país una larga cadena de sociedades secretas, con un trabajo como en Babel, y vi el
encadenamiento de estas cosas, hasta la construcción de la torre, en un tejido, fino como una tela
de araña, extendiéndose a través de todos los lugares y toda la historia: el producto supremo de
esta floración era Semiramis, la mujer diabólica. (AA.II.415)
Vi destruir todo lo que era sagrado y la impiedad y la herejía hacer irrupción. (AA.II.415)
Había una amenaza de guerra civil próxima y de una crisis interior que iba a destruirlo todo.
(AA.II.415)

IRLANDA
Desde este desgraciado país (España) fui conducida por encima del mar, aproximadamente hacia
el norte, en una isla donde estuvo san Patricio (Irlanda). No había más que católicos pero estaban
muy oprimidos: tenían sin embargo relaciones con el Papa, pero en secreto. Había todavía mucho
de bueno en este país porque las personas estaban unidas entre ellas. (AA.II.416)
De la isla de san Patricio llegue por encima de un brazo de mar (mar de Irlanda) a una gran isla.
Estaba sombría, brumosa y fría.
Vi por aquí y por allá algunos grupos de piadosos sectarios (...) el resto estaba todo en una gran
fermentación.
Casi todo el pueblo estaba dividido en dos partidos, y ellos estaban ocupados en intrigas
tenebrosas y desagradables.
El partido más numeroso era el mas malo: el menos numeroso tenía los soldados a sus órdenes;
no valía tampoco gran cosa, pero sin embargo valía más. Vi una gran confusión y una lucha que se
aproximaba y vi el partido menos numeroso tomar el poder.
Había en todo esto abominables maniobras: había traiciones mutuas, todos se vigilaban los unos a
los otros y cada uno parecía ser el espía de su vecino.
Encima de este país vi una gran cantidad de amigos de Dios pertenecientes a los tiempos pasados:
¡cuantos santos reyes, obispos, propagadores del cristianismo que habían venido de allí hacia
Alemania a trabajar en nuestro beneficio! Vi a santa Walburge, el rey Eduardo, Edgar y también
santa Ursula.
Vi mucha miseria en el país frío y brumoso: vi la opulencia, vicios y numerosos navíos.
De allí, fui al levante, más allá del mar, a un territorio frío donde vi a santa Brigida (de Suecia), san
Canut (rey de Dinamarca y patrón de ese país) y a san Eric (rey de Suecia). Este país estaba más
tranquilo y más pobre que el precedente, pero era también frío, brumoso y sombrío. No sé ya más
que es lo que he visto y hecho allí. Todo el mundo era protestante. (AA.II.417)
Desde ese lugar fui a un inmenso territorio (Rusia) completamente tenebroso y lleno de maldad,
de allí surgían grandes tormentas. Los habitantes eran de un orgullo inusitado. (AA.II.418)
Construían grandes iglesias y creían tener la razón de su parte. Vi que se armaban y que se
trabajaba por todos los lados: todo era sombrío y amenazante. Vi ahí a san Basilio y a otros. Vi
sobre el castillo de tejados deslumbrantes el Maligno que se mantenía en las agujas. (AA.II.418)
Mientras que todo esto surge como un desarrollo de los cuadros tenebrosos que veo en al tierra
en estos países, veo los buenos gérmenes luminosos que hay en ellos, dar nacimiento a escenas
situadas en una región más elevada. Veo por encima de cada país un mundo de luz que representa
todo lo que se ha hecho por él por los santos, hijos de ese país, los tesoros de gracia de la Iglesia
que ellos han hecho descender sobre él por los méritos de Jesucristo. Vi por encima de iglesias
devastadas planear iglesias en la luz, vi a los obispos y los doctores, los mártires, los confesores,
los videntes y todos los privilegiados de la gracia que han vivido allí: entro en las escenas donde
figuran sus milagros y las gracias que ellos han recibido, y veo las visiones, las revelaciones, las
apariciones más importantes que ellos han recibido: veo todas sus vidas y sus relaciones, la acción
que han ejercido de cerca o de lejos, el encadenamiento de sus trabajos y los efectos producidos
por ellos hasta las distancias más alejadas. Veo todo lo que ha sido hecho, como ha sido todo ello
aniquilado; y como, con todo, la bendición permanece siempre sobre las vías que ellos han
recorrido, como ellos permanecen siempre en unión con su patria y su rebaño por la
intermediación de gentes piadosas que guardan su memoria y particularmente como sus
osamentas, allí donde reposan, son, por medio de una relación intima que las religa a ellos,
fuentes de su caridad y de su intercesión.
Sin el socorro de Dios, no se podrían contemplar tantas miseria y abominaciones hacia esta
caridad y esta misericordia, sin morir por ello de dolor. (AA.II.409)

LA NATURALEZA HERIDA DE MUERTE
Vi la tierra como una superficie redonda que estaba cubierta de oscuridad y de tinieblas.
(AA.II.158)
Todo se desecaba y parecía perecer. Vi esto con detalles innumerables en criaturas de toda
especie, tales como los árboles, los arbustos, las plantas, las flores y los campos. Era como si el
agua hubiera sido quitada de los arroyos, las fuentes, los ríos y los mares, o como si ella volviera a
su origen, a las aguas que están por encima del firmamento y alrededor del paraíso. Atravesé la
tierra desolada y vi los ríos como líneas delgadas, los mares como negros abismos donde no se
veía más que algunos charcos de agua en el centro. Todo el resto era un fango espeso y turbio en
el cual veía animales y peces enormes atrapados luchando contra la muerte. Iba lo
suficientemente lejos par poder reconocer la orilla del mar donde yo había visto antes ahogar a
san Clemente. Vi también lugares y hombres en el más triste estado de confusión y de perdición y
vi, a medida que la tierra se volvía más desolada y más árida, las obras tenebrosas de hombres que
las cruzaban. Vi muchas abominaciones con un gran detalle; reconocí Roma y vi a la Iglesia
oprimida y su decadencia en el interior y en el exterior. (AA.III.158)

CINCUENTA O SESENTA AÑOS ANTES DEL AÑO 2000
En medio del infierno había un abismo espantoso; Lucifer fue precipitado allí cargado de cadenas,
una espesa humareda lo rodeaba por todas partes. Su destino era regulado por una ley que Dios
mismo había dictado; vi que, cincuenta o sesenta años, si no me equivoco entes del año 2000,
Lucifer debía salir durante algún tiempo del abismo.
Vi muchos otros datos que he olvidado, otros demonios debían también ser puestos en libertad en
una época más o menos alejada, con el fin de tentar a los hombre y de servir de instrumentos a la
justicia divina. Muchos de estos demonios deben salir del abismo en esta época y otros de aquí a
poco tiempo. (DD.452)
Vi que los apóstoles fueron enviados a la mayor parte de la tierra para abatir por todas partes el
poder de Satán y para aportar bendiciones, y que las regiones donde operan eran las que habían
sido más fuertemente envenenadas por el enemigo.
Si estos países no han perseverado en la fe cristiana y están ahora dejados al abandono, eso ha
sido, como lo he visto, por una sabia disposición de la Providencia. Ellos debían ser solamente
bendecidos para el porvenir y ellos permanecen baldíos con el fin de que sembrados de nuevo,
lleven frutos abundantes cuando los demás se hayan quedado sin cultura. (AA.II.340)
Cuando Jesús descendió sobre la tierra y fue la tierra regada con su Sangre, la potencia infernal
disminuyó considerablemente , y sus manifestaciones se hicieron más tímidas. (BV.56)
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